Desde nuestro Bosque Sabio en el barrio Sonadora de Aguas Buenas, le invitamos a explorar y conocer nuestros árboles, aves, tierra y cielo. Para nuestros visitantes y para nosotros mismos, creamos un lugar para la educación ambiental, el crecimiento personal, el sosiego y la sanación. Nuestros árboles son el centro de este hermoso proyecto.
En todo Puerto Rico, sobreviven más de 500 especies de árboles nativos, incluyendo más de 100 especies endémicas. (Los árboles nativos son los que se reproducían sin la intervención humana antes de la conquista europea. Las especies endémicas son árboles nativas que solamente se reproducen en territorio borincano.)
Muchas de estas especies provienen originalmente de otras islas antillanas y de la región continental de América Central y América del Sur. Todas crecen en Puerto Rico desde hace cientos, miles –y en algunos casos– millones de años antes de la llegada de los europeos.
Por un lado, estos árboles han evolucionado con los animales, minerales y condiciones climáticas de las diferentes regiones de Puerto Rico. No sólo resisten las enfermedades e inclemencias propias del archipiélago sino que sirven como fuentes de alimento y refugio para diversas especies de reptiles, aves, mariposas, anfibios, murciélagos y otros mamíferos, insectos y microorganismos. De esta manera, contribuyen a la diversidad y el bienestar ecológico de nuestros bosques y comunidades humanas.
A la vez, estos árboles desempeñan un papel histórico muy importante como eje de destrezas y conocimientos prácticos. Desde antes de llegar los españoles a las costas de Boriquén, los habitantes indígenas de la isla acudían a estos árboles en busca de hojas, cortezas, raices, semillas, madera y frutos para ser consumidos y trabajados como alimento, bebida (inclusive las de índole embriagante), combustible, medicina, vivienda, fibra (soga, ropa, etc.), tintes y tintas, herramientas, envases, íconos y otros efectos religiosos y muebles.
Durante los siglos XVI al XVII, Puerto Rico fue marginado de las rutas comerciales con España mientras el poder imperial concentraba sus recursos en la extracción de oro, plata y piedras preciosas en México y Perú. Durante esta época de abandono imperial, los colonos se ingeniaban para sobrevivir económicamente negociando una de las más grandes riquezas de Boriquén −sus árboles nativos− con contrabandistas de diversos países. Se encuentran en nuestro Bosque Sabio algunos de los más importantes: el roble blanco (Tabebuia heterophylla), el árbol de maría (Calophyllum calaba), el guaraguao (Guarea guidonia), la malagueta (Pimenta racemosa), la maga (Thespesia grandiflora), el jagüey blanco (Ficus citrifolia), los yagrumos o grayumos hembra y macho (Cecropia schreberiana y Didymopanax moreototino), el algarrobo (Hymenaea courbaril), la endémica palma real (Roystonea borinquena), el árbol de nuez moscada (Ocotea spathulata), el espino (Zanthoxylum martinicense), el capá blanco (Petitia domingensis), el cupey (Clusia rosea), el caimitillo (Micropholis chrysophylloides) y el moral (Cordia sulcata).
Durante los siglos XIX y XX, las hacendados de café y cacao intercalaban sus siembras entre árboles nativos de valor maderable y otros árboles, especialmente los leguminosos (parientes de las habichuelas) que enriquecían el suelo mediante depósitos de nitrógeno. Entre estos árboles se encuentran el guamá (Inga laurina) y el guaba (Inga inga). También variedad de y variedad de camaseyes e higuillos, utilizados en la confección de canastos, trampas, remedios caseros y mucho más.
El Bosque Sabio también hospeda árboles oriundos de otros países, ya naturalizados en Puerto Rico y parte de nuestra historia. Entre éstos, el panapén (Artocarpus altilis), el majo (Hibiscus elatus) el mangó (Mangifera indica), el pomarroso del río (Eugenia jambos), el manzano malayo (Eugenia jambos), el tulipán african o meaíto (Spathodea campanulata), el guano (Ochroma pyramidale) y el gran pasto conocido como la bambúa (Bambusa vulgaris).
Ya que nuestro estilo de vida moderno nos aleja del conocimiento sobre el valor de estos borincanos verdes, nuestros recorridos etnobotánicos están diseñados para acercarnos mediante el intelecto, el cuerpo y el espíritu. Ofrecemos caminatas de interpretación etno-botánica de las especies mencionadas; también ofrecemos meditaciones con los árboles.
Desde nuestro Bosque Sabio, le invitamos a descubrir por sí mism@ el valor de éstos y –en la medida que pueda – sembrar y defenderlos. Así nuestros hijos, nietos y bisnietos conocerán su tierra y los tradicionales conocimientos botánicos que representan la raíz de la cultura puertorriqueña.
Ofrecemos recorridos etno-botánicos para familiarizar a personas de todas las edades con el valor de estos árboles como fuentes de madera, fibra, medicina, alimento y mucho más.
Llámenos para apuntarse o para organizar un recorrido arbóreo inolvidable.
Recorridos desde 1 hora y media en el Bosque Sabio de Aguas Buenas.
Perfecto para avistamiento de aves, el bosque también cuenta con una población variada incluyendo el san pedrito, la calandria, el pájaro bobo mayor, el comeñame, el guaraguao, palomas turca, aliblanca y tórtola, tres especies de reinitas, el pájaro carpintero, el jui, dos especies de zumbadores, el ruiseñor, el zorzal pardo y otras.